Por Ricardo Alemán.
El refranero político mexicano le acredita a un personaje popular, Porfirio Remigio, una frase que resume la sabiduría y el escepticismo del pueblo sobre los actores políticos.
Cuentan
que allá por los años 50 del siglo pasado, un deportista de notorio origen
humilde, encumbrado por sus hazañas deportivas –algunos dicen que era un
ciclista, otros que se trataba de un futbolista y otros más que era boxeador–;
fue interrogado sobre las cualidades y posibilidades de dos renombrados
políticos que aspiraban a la Presidencia de la República. A bocajarro, Porfirio
Remigio habría respondido:
"Pa
mí que los dos son ojetes".