La metáfora de la mano invisible
Hay en la naturaleza un orden
espontáneo, es decir, una coordinación de múltiples tareas que no son
dirigidas por una persona o entidad central sino que son consecuencia de
millones de acciones que operan en base a incentivos y desincentivos
que las mismas relaciones sociales ponen de manifiesto. Imaginemos las
infinitas tareas que los hombres desarrollan cotidianamente desde que se
levantan hasta que se acuestan y las consecuencias queridas y, sobre
todo, las no queridas o no buscadas que las mismas generan. Es imposible
que una mente o un agencia central pueda conocer y dirigir esta madeja
intrincada y compleja de interrelaciones, y no es solo porque las
variables son de una cantidad inmensa (lo cual podría ser eventualmente
resuelto con una computadora de suficiente memoria) sino porque no se
conoce ni puede conocerse ex ante la información
correspondiente ya que las valorizaciones son de carácter subjetivo y se
ponen de manifiesto frente a la acción concreta (ni el propio sujeto
actuante conoce a ciencia cierta lo que hará la semana que viene, podrá
conjeturar pero al cambiar las circunstancias modificará sus acciones,
prioridades y preferencias).