“María, madre de Dios, caza a Putin” por haberlo cantado el pasado 21
de febrero (15 días antes de la reelección de Putin) en la catedral del
Cristo Salvador de Moscú, tres jóvenes rusas pertenecientes al
colectivo punk feminista Pussy Riot, fueron sentenciadas el pasado
viernes a dos años de prisión.
Para un autócrata como Putin la protesta popular simplemente no debe
existir. Fue ridiculizado en las legislativas, tratado de ladrón e
impostor y ahora se dispone a pasar la factura. Apenas asumió el poder,
impuso todo un arsenal legislativo para reprimir manifestaciones y
erradicar las ONG.